Desliza para continuar con la aventura…

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Había una vez un lugar que pertenecía a una Isla llamada Ciudad del Carmen. Es un reino escondido entre raíces y aguas tranquilas. Este sitio lo conocen como el Reino Sumergido, solo los animales que viven allí saben de este nombre, así que guardemos el secreto. No queremos que Luma y Sami nos descubran.

¡Ups! Ya dije sus nombres, bueno, si no dicen nada les contaré una historia ¿Si? Continuemos…

Allí vivían cientos de criaturas como las aves, que bailaban en el cielo al volar;

los mapaches, con sus antifaces oscuros curiosos por cada rincón del pantano;

los cocodrilos, que se deslizan como troncos silenciosos bajo agua;

muchas mojarras, que brillan como monedas en las aguas.

 Dentro de todos los animales, existían dos amigos que eran inseparables. Sami, una jaiba curiosa a la que le encantaban las cosas brillantes como las perlas, y Luma, una garza que le encantaba volar por los aires y observar a las mojarras que nadaban por el agua del Reino Sumergido.

Un día cualquiera en el Reino Sumergido, se encontraban ellos dos buscando tesoros escondidos.

Luma también encontró algo, así que igual se lo dice a Sami:
—Yo atrapé un pez, pero solo lo pude agarrar porque soy más rápido que el viento…

…aunque creo que no es un pez, porque no se mueve.

Espera Sami, solo es un tronco.—

Sami y Luma eran muy distintos; de tamaño, de color y de habilidad. Por un lado, Sami nadaba en el agua y, por el otro, Luma volaba muy rápido. Aunque eran distintos, a los dos les encantaba jugar a encontrar tesoros escondidos. Con el tiempo se hicieron grandes amigos y se cuidaban de los peligros que los asechaban.

El cielo se oscureció, el agua tomó un aspecto sucio y residual.

Entre las raíces del manglar se atoraban bolsas, botellas y latas.

Luma bajó la cabeza muy asustada y dijo:
— Sami, los peces ya no nadan cerca, parece que tienen miedo y… ¡Cambiaron de color! — 

Sami preocupado por no poder caminar bien agregó:
— Luma, ya no puedo correr libre… mis patas se enredan en estas cosas raras.

Una mañana, Luma escuchó a Sami gritar.

 

— ¡Auxilio, no puedo moverme! —

Cuando Luma vio que Sami estaba metido en problemas y ella no podía sacarla, enseguida voló buscando ayuda de las personas que anteriormente había visto cuando daba sus recorridos por todo el manglar y gritó:

—¡Ayúdennos! ¡El Reino Sumergido se está perdiendo!

 
Al escucharla, una familia que recorría el lugar llegaron ayudar. Liberaron a Sami y, aparte, comenzaron a limpiar el reino. Había mucha basura que las personas tiraron solo por vivir cerca de ese lugar.
Recogieron botellas, sacaron bolsas y limpiaron las raíces del Reino Sumergido.
Poco a poco, el agua volvió a brillar.

Gracias a la ayuda, el Reino Sumergido volvió a llenarse de vida. Los peces regresaron a nadar entre las raíces, los cocodrilos tomaban el sol muy tranquilos y las garzas parecidas a Luma volaban en el cielo. La familia que ayudó al Sami y Luma, se alegraron tanto que ahora disfrutaban de las vistas del manglar y lo cuidaban siempre. No tiraban basura, cada tanto limpiaban con apoyo de más personas.

Sami y Luma estaban muy contentos de ver su Reino limpio y cuidado.

El fin.

Los manglares son un hogar para muchos animalitos como Sami y Luma. Estos lugares nos protegen de tormentas e inundaciones, así que nuestro trabajo es cuidarlo siempre.

Evitemos tirar basura y de vez en cuando ayudemos a limpiar los manglares, ya que solo nosotros podemos protegerlos.

¿Te interesa saber más acerca de la historia? Nos ponemos en contacto contigo, déjanos un mensaje y tus datos.